Marcelo Boffa. Sociólogo y vecino de Lanús.
Hace menos de dos años me tocaba realizarle una entrevista a un querido ex rector de la escuela Kennedy (la escuela técnica pública de mayor peso histórico del distrito) a manerade insumo para una investigación de mi autoría sobre representaciones de la educación enmayores de 60 de clase media en Lanús.
Más allá de mis objetivos específicos de estudio no puedo evitar la presencia de unarespuesta que se actualiza durante estos días.
Ante la pregunta acerca de alguna circunstancia personal, familiar o de otro tipo quehubiese incidido en su educación posterior, el profesor dice sin dudar un instante: “la comunidad del Kennedy”.
Hoy la comunidad del Kennedy se encuentra con obras que pretenden avanzar sin autorización sobre su predio y para quienes no conocen los hechos no se trata de los típicos“fieritas” utilizados para ganar posiciones, terrenos, o como simple fuerza de choque, movilizando indignamente alguna de las formas de su desesperación o necesidad.
Quien voltea un tramo de su pared perimetral aprovechando el verano y violando la promesa de consulta luego de más de un año de rechazo al avance sobre predios propios del espacio escolar utilizado por estudiantes de 11 escuelas, es el propio intendente Julián Álvarez, quien suscribió un acuerdo ilegítimo y antojadizo con la gestión del ex director de Cultura y Educación Alberto Sileoni.
No es la primera vez que los propagandistas de la escuela “pública y popular” todos con hijos en la educación privada, se dedican a atacar a lo mejor del sistema escolar, lo que permanece de pie, lo que aún no pudo ser directamente vaciado por la subordinación partidaria, como sistemáticamente acontece.
En el año 2006, a través de una diputada del Movimiento Evita intentaron trasplantar el Nivel Inicial desde la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia a un engendro “coordinador” de organizaciones para el cuidado de niños y niñas. La movilización autoconvocada sepultó el experimento.
En el marco de la reacción masiva e indignada de la comunidad del Kennedy, el profesor Rudy Coria, uno de los fundadores de la escuela, le dice a Julián Álvarez en uno de sus ideos que “como hombre de derecho usted sabe bien que cometió un grave error”.
Para el profesor no sólo es grave que haya violado las leyes 23.818 y 24.049 y que haya lesionado el derecho administrativo y el Código Penal.
Lo peor según su punto de vista, es que haya violado la propia palabra.
Algunos, un poco más jóvenes, sabemos que esta gente carece de palabra.
Pero sí estaría a tiempo de retroceder aunque sea por razones especulativas, a los efectos de intentar detener un claro papelón ante la comunidad y los vecinos del Kennedy.
Sucede que se trata de personas con un claro problema, casi patológico, con las usurpaciones. Necesitan robarse aunque sea un metro. Quizás se sientan menos hombres sino lo hacen.
El peculiar proyecto de ordenanza de “Registro de Tierras e Inmuebles Municipales” por el que podrían quedarse con tierras e inmuebles privados es un ejemplo.
Como el pasaje tantas veces citado del 18 Brumario acerca de que la historia se repite como farsa, se trata de gente que combina una nostalgia proudhoniana contra la propiedad (del otro) y un vínculo estructural con el delito común, como se deriva del auto proclamado “éxtasis” del ex presidente Kirchner por las cajas fuertes o la jefatura con tobillera por defraudación al estado de la condenada Cristina Fernández de la cual Julián todavía depende.
La historia como farsa ridícula del “exprópiese” de Hugo Chávez Frías, que cree que no puede completar su proyecto urbanístico lindante si no violenta el pulmón de educación física, propiedades del Kennedy y el Piedrabuena, polo utilizado por estudiantes de una enorme área de Lanús Este.
Es el quiebre del sentido común de lo que funciona. Es su concepción artificial de ruptura, apropiación y conflicto de la que aparentemente están hechos.
Sin embargo, todavía están a tiempo.
No es necesario que sostengan la estupidez con alguna épica de “ni un paso atrás”.
La nueva directora de Cultura y Educación provincial, Flavia Terigi, al momento de
escribir estas líneas aún no había respondido el pedido de reunión para desmontar todo este absurdo.
Cuando la sociedad enfrenta a una loza burocrática peronista K, caracterizada en su autoritarismo por no escuchar (para ser honestos no se trata de la única dirigencia caracterizada por no escuchar) suele adoptar dos caminos. O se abraza a su soledad o decide no resignarse, como lo hace la comunidad del Kennedy con sus estudiantes, docentes, padres y vecinos, enfrentando la prepotencia de las topadoras.




