Heloisa Soriano Avila
Mientras los deportistas argentinos siguen llevando la bandera nacional a competencias internacionales, cada vez son más las voces que advierten sobre las dificultades económicas que atraviesa el deporte de alto rendimiento.
El reclamo volvió a tomar fuerza en las últimas semanas con las declaraciones de Fernanda Russo, representante argentina en tiro y ganadora de dos medallas de oro en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. Después de una de sus victorias, la deportista reclamó mayor apoyo para el deporte argentino y cuestionó la reducción del financiamiento. Russo pidió recuperar el histórico 1% destinado al desarrollo deportivo y planteó que detrás de los resultados y las medallas existe una realidad que muchas veces no se ve.
Su reclamo no es aislado.
El campeón olímpico de BMX freestyle José “Maligno” Torres también señaló recientemente las dificultades que atraviesan los deportistas argentinos. Según declaró, hoy es muy difícil vivir exclusivamente del deporte y muchos atletas necesitan tener un trabajo paralelo. También cuestionó la falta de infraestructura y de apoyo suficiente para desarrollar determinadas disciplinas.
A ellos se suman voces de distintas generaciones y disciplinas. La campeona olímpica de vela Cecilia Carranza advirtió sobre la situación financiera del ENARD y señaló que, cuando los recursos son insuficientes, el sistema termina priorizando a quienes ya llegaron, mientras queda un vacío para los deportistas que están intentando alcanzar el alto rendimiento.
También han expresado preocupación referentes como Juan Curuchet, Walter Pérez, Facundo Conte y Germán Chiaraviglio, entre otros deportistas olímpicos, quienes participaron de los reclamos por el financiamiento y la previsibilidad del sistema deportivo.
Un problema que viene de antes, pero que se profundizó
La discusión sobre el financiamiento del deporte argentino no comenzó con el actual Gobierno.
El ENARD nació en 2009 y, hasta 2017, tuvo como fuente específica de financiamiento un cargo del 1% sobre los abonos de telefonía celular. En 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, ese mecanismo fue eliminado y reemplazado por transferencias establecidas anualmente en el Presupuesto nacional.
Sin embargo, los datos más recientes muestran un nuevo retroceso.
Según un análisis de Chequeado basado en información oficial, en septiembre de 2026 el sistema tenía 807 deportistas y entrenadores becados, alrededor de un 40% menos que en 2023. Al mismo tiempo, el monto individual de las becas aumentó en términos reales. Es decir: quienes permanecen dentro del sistema reciben becas mayores, pero son muchos menos los beneficiarios.
El dato permite entender mejor el reclamo de los atletas: el problema no pasa únicamente por cuánto recibe cada deportista, sino también por cuántos pueden acceder al sistema, qué gastos quedan cubiertos y qué ocurre con quienes todavía están intentando llegar.
Waterpolo: cuando representar a Argentina también depende de una colecta
Como jugadora y arquera de waterpolo, conozco desde adentro una realidad que muchas veces permanece lejos de los grandes titulares.
En nuestro deporte, el esfuerzo no comienza cuando se llega a una competencia internacional. Hay años de entrenamiento, viajes, concentraciones, equipamiento, clubes, entrenadores y enormes cantidades de horas dedicadas a prepararse.
Y muchas veces, cuando llega la oportunidad de representar a Argentina, aparece otra pregunta: ¿cómo hacemos para pagar el viaje?
En abril de 2026, jugadoras de la Selección Argentina femenina Sub-16 de waterpolo realizaron una campaña para reunir fondos para participar del Sudamericano de João Pessoa, Brasil. Las propias deportistas explicaron que necesitaban ayuda económica para afrontar pasajes, alojamiento y otros gastos, con un costo estimado de alrededor de US$1.500 por jugadora.
Son chicas que fueron convocadas para representar al país.
Y, sin embargo, tuvieron que salir a buscar ayuda para poder viajar.
Este tipo de situaciones muestran que el problema del financiamiento no afecta solamente a los atletas que ya están en la elite internacional. También puede afectar a quienes están construyendo su camino hacia ella.
El waterpolo, como muchos otros deportes, necesita mucho más que una pileta. Necesita competencia, concentraciones, preparación física, entrenadores, materiales, viajes y posibilidades reales de enfrentarse con equipos de otros países.
Si esas oportunidades dependen permanentemente del esfuerzo económico de las familias, el acceso al alto rendimiento termina dependiendo también de la capacidad económica de cada deportista.
El deporte no puede depender solamente de quienes pueden pagarlo
Los resultados deportivos suelen aparecer durante unos minutos en una pantalla: una medalla, un podio, un himno, una bandera.
Pero detrás de cada resultado existen años de sacrificio.
También existen familias que pagan viajes, clubes que sostienen entrenamientos, entrenadores que trabajan con recursos limitados y deportistas que deben combinar estudio o trabajo con jornadas de entrenamiento.
Argentina continúa teniendo atletas capaces de competir y ganar en numerosas disciplinas. El propio ENARD mantiene actualmente becas y programas de apoyo, y continúa publicando asistencia para deportistas y competencias.
Pero los reclamos recientes muestran que el sistema necesita discutir nuevamente cómo se financia el deporte, a quiénes alcanza y cómo garantizar una planificación a largo plazo.
Porque apoyar al deporte no significa solamente premiar al que ya ganó.
Significa también sostener al chico que recién empieza, al juvenil que necesita viajar, a la atleta que entrena todos los días, al club que mantiene una disciplina viva y al deportista que todavía no tiene sponsors ni una medalla que mostrar.
Las medallas son la parte visible.
El verdadero desarrollo deportivo se construye mucho antes de llegar al podio.
Y si queremos seguir viendo argentinos y argentinas representando al país, el apoyo al deporte no debería aparecer solamente cuando llegan los triunfos. Debería estar presente durante todo el camino.





